Póngame una azul

No hay más ciego que el que no quiere ver. O más sordo que no quiere oír Por lo que se ve estas historias son más frecuentes de lo que parece.

Un cliente coge número y espera su turno.

Tras una breve espera el cliente es atendido;

– Si, buenos días, dígame.

– Buenos días (seguramente serían buenos), ¿Tenéis bola seca?

– Sí, las tenemos marrones de doble carga.

– ¿Azules y marrones?

– No, sólo tenemos marrones

– Muy bien, pues póngame una azul.

Silencio y paciencia.

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